martes, 30 de diciembre de 2008

Creo que deberías tener un hueco aquí, te lo mereces.
Quizás debería de haberte escrito algo anoche, después de hablar contigo y decirte que me importas de verdad.
Sabes de sobra que desde que te conocí conecté contigo, quizás porque tenemos bastantes cosas en común, quizás porque eres una persona encantadora..o quizás era el destino el que quiso que un buen día nos conociéramos. Demasiados quizás que hacen que esta amistad no surgió de casualidad, ¿no crees?
También sabes que no quiero perderte por nada, que eres una persona imprescindible en mi vida. Y quiero que dejes de joderte tu vida por culpa de los demás. A veces en esta vida hay que ser un poquito egoísta, y tú deberías serlo.
Creo que si sigo escribiendo, puede que fastidie la entrada, asi que...lo bueno y breve, dos veces bueno.
Y sí, es para ti..date por aludida

martes, 16 de diciembre de 2008

La música atraviesa nuestro cuerpo igual que una flecha en busca de su diana. Nos remueve el interior, nos roza, nos hiere..nos inquieta no saber en que punto ha decidido detenerse hoy esa flecha perdida.
En ese momento, cuando creemos que pasará de largo sin tocar nada, sin cambiar nada, es cuando encuentra el círculo rojo más maravilloso y preciado de la diana. El punto que, seguramente, le hará ganar la partida contra la razón, por muchos intentos que haga ésta por desvanecer su melodía.
Ese punto por el que la música sabe que merece la pena arriesgar: nuestro corazón.

Es entonces, y solo entonces, cuando una canción se vuelve algo más que unas notas que resuenan en la cabeza, o una letra que golpea hasta abatirnos con la misma fuerza que el palpitar en nuestro pecho, y con el brillo de una gran estrella.
Ahí, la música se inyecta en nuestras venas como la droga más perfecta que pudieran encontrar para curar al corazón, que nos hace reír, llorar, sufrir, salir a atrapar el mundo entre nuestras manos... Se convierte en una dosis de vida.






Escrito por Patri,
un buen día en el que escuchó una canción,
se puso a escribir...y me lo dedicó :)
y como no, aquí tenía que aparecer.
Gracias!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Y es que siento que cada vez son menos los lazos que me atan a aquel lugar, pero aún así me gusta ir. Plantarme allí y disfrutar.
Al final, lo único que debe quedarse son los buenos momentos, que ganen a los malos y nos digan que aunque sean pocos los lazos, son fuertes. Y que nada podrá romperlos...