martes, 16 de diciembre de 2008

La música atraviesa nuestro cuerpo igual que una flecha en busca de su diana. Nos remueve el interior, nos roza, nos hiere..nos inquieta no saber en que punto ha decidido detenerse hoy esa flecha perdida.
En ese momento, cuando creemos que pasará de largo sin tocar nada, sin cambiar nada, es cuando encuentra el círculo rojo más maravilloso y preciado de la diana. El punto que, seguramente, le hará ganar la partida contra la razón, por muchos intentos que haga ésta por desvanecer su melodía.
Ese punto por el que la música sabe que merece la pena arriesgar: nuestro corazón.

Es entonces, y solo entonces, cuando una canción se vuelve algo más que unas notas que resuenan en la cabeza, o una letra que golpea hasta abatirnos con la misma fuerza que el palpitar en nuestro pecho, y con el brillo de una gran estrella.
Ahí, la música se inyecta en nuestras venas como la droga más perfecta que pudieran encontrar para curar al corazón, que nos hace reír, llorar, sufrir, salir a atrapar el mundo entre nuestras manos... Se convierte en una dosis de vida.






Escrito por Patri,
un buen día en el que escuchó una canción,
se puso a escribir...y me lo dedicó :)
y como no, aquí tenía que aparecer.
Gracias!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

de nada tontis...jajaja...sq música y aurora..dsde ese escrito que leiste q me encantó, van siempre juntas...
jajaja...besotesss!!!!

Anónimo dijo...

Dios mio!!patri q bn escribes!! me ha encantado!!!Un besito para las dos (auro tu tb escribes genial!!)^^ 44