Me regaló un reloj, para que contara el (poco) tiempo que
iba a tardar en olvidarme. Lo que ella no sabe es que ese reloj se paró el día
que se acabó, olvidando el tiempo que pasaba desde entonces, porque el tiempo
solo corría con ella al lado. Pero hoy ese reloj vuelve a funcionar, al
comprobar que el tiempo de olvidar fue como el tiempo de luchar, pequeño. Muestra
los pocos minutos de amor que podían quedar en él, si es que era eso...amor.
Hoy ese reloj vuelve a
vivir, vuelve a funcionar…concluyendo ese tiempo de olvido y comenzando un
tiempo de construir. Porque tiene ganas de contar los minutos de sonrisas al
día, de contar las caricias de ese amor que llegará, y dejará al último como lo
que no fue, un amor.
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