Quizás esta montaña rusa nos lleva a algún lado, o quizás descarrile, pero lo que es seguro que se quedan son las cosquillas en las subidas y también, aunque no queramos, los malos tragos en las bajadas.
Solo espero que este trayecto no termine, porque me gustan las atracciones. Con ellas nos damos cuenta de que estamos viviendo, la adrenalina en nuestro cuerpo. Mejor eso que una línea continua.
Casi dos años de trayecto ya son unas 17.009 horas de viaje, las que llevamos. Que no son pocas. Y que sean muchas más.
¿Quién decía que las esperas en la cola de la montaña para tener 30 segundos de diversión no merecían la pena?

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