martes, 21 de octubre de 2008

Aunque los recuerdos siempre estén ahí...

Miles de recuerdos inundan mi cabeza. Desde los primeros días de guardería, donde conocí a muchos de los que hoy día son mis amigos, hasta el último verano.
Y me acuerdo de los juegos del cole, los castigos, los enfados y los llantos porque no te dejaban el juguete que querías.
Los recreos jugando al fútbol, o al pilla-pilla, aprovechando hasta el último segundo del recreo y luego salir corriendo cuando sonaba la campana.
Esa vergüenza al tener que hacer obras teatrales o bailes delante de todos los demás.
Las cartas contándonos nuestros secretos.
Las tardes en la calle, jugando al fútbol o al baloncesto.
Los paseos en bici, como cuando bajabas al río simplemente para “tirarte” por la cuesta para luego tener que subirla andando porque hacerlo montada en la bici se te hacía eterno e imposible. Los días de lluvia en casa, viendo una peli con tus amigos y comiendo palomitas. Y los bocadillos de nocilla.
Los días de invierno tiradas en la nieve a pesar de que tu madre te decía que ni tocarla.
O los días que inventabas juegos en un abrir y cerrar de ojos.
Esas tardes en la plaza comiendo chuches.
Las noches de verano jugando al escondite.
Las primeras excursiones “largas” sin padres. Y las primeras noches durmiendo fuera de casa.
Los madrugones de los sábados por tener los partidos con tu equipo de baloncesto, y las correspondientes risas en el autobús. Las desilusiones al perder y las alegrías al ganar. Y no olvidar los torneos de fútbol de verano. Y el viaje al Aquopolis como premio a todo esto.
Las primeras amigas que dejan el pueblo, y aunque las veas todos los fines de semana, esos cinco días sin ellas se te hacían eternos.
El cambio al instituto, conocer nuevos compañeros.
Los primeros, y pocos, suspensos que te los tomabas como si el mundo hubiera sufrido una catástrofe.
La primera Romería montando tienda con tu peña...

Y miles de recuerdos más...hasta que eres tú la que tiene que dejar el pueblo. Entonces los días que pasas allí disminuyen, pero aumentan las ganas de ir, y la intensidad con que los vives cuando te encuentras en el. Aprovechas el tiempo al máximo para estar con las amigas de toda tu vida.
Y no creáis que me olvido de este último verano. Ese concierto todas juntas y la salida de fiesta por Albacete. O la noche del 14 de agosto en la ermita.

Y poco a poco, aunque duela reconocerlo, se va perdiendo el contacto... ¿de verdad creéis que merece la pena perder todo esto?


Aunque los recuerdos siempre estén ahí...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Auroooooo escribes genialllll!!!!me ha encantao al leerlo en serio...me gusta encluso más q el de la música...y ese ya me encantaba asiq imaginate...tienes razón..muchas veces perdemos cosas importantes sin saber porqué y despues lo más duro de todo es cundo te estas arrepintiendo..
mxo besotesss!!!nos vemos mañanaa..muaxxx

PATRI EHHHHH PATRI jajajaja...q ya me enseñaste a firmar

Anónimo dijo...

Es muy bonito...y triste...pero será asi exactamente no?..Lochento...yo sé que es duro..ueno que unbesito...de Luzy..^^una de esas compañeras que conociste in the big-city!
Te quiero pitufina (x eso de guapa)